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Mi perro no quiere pasear con correa

Uno de los primeros problemas que pueden aparecer (y normalmente en el que menos solemos pensar), que ocurren cuando decidimos tener o adoptar un perro es su rechazo a la correa.
Esto suele ocurrir, sobre todo, en perros de los cuales desconocemos su pasado. Quizás nunca hayan paseado con correa, o por el contrario lo hayan hecho y hayan vivido una mala experiencia con ella y no quieran verla ni en pintura.

¿Qué podemos hacer en estos casos?

Lo primero es asumir que para el animal una correa es algo “antinatural”, un objeto extraño que nosotros le ponemos para limitar sus movimientos, por lo que el rechazo en si es algo natural.

“Lo primero es asumir que para el animal una correa es algo antinatural.”

Por desgracia, salvo que vivamos lejos de núcleos urbanos, nuestros perros necesitarán saber andar con la correa, ya por su seguridad como por la del resto de viandantes.

Por ello deberemos convertir la correa en algo positivo para nuestro perro.

¿Qué es lo primero que debemos hacer?

Antes de empezar a premiar y a asociar como algo bueno la correa, es esencial dar con la correa adecuada para nuestro animal.

Si tenemos un perro grande y vivimos en ciudad quizás lo más adecuado sea una correa multiposición de 2 metros, pero si tenemos un chihuahua quizás podamos darle algo más de manga ancha con una correa flexible.

También deberemos adecuar la correa al medio en el que nos movemos, ya que quizás un perro escapista pueda disfrutar en el campo de una correa de 10 metros, mientras que en la ciudad andar con una correa así se hace casi del todo imposible.

De acuerdo, ya tenemos la correa perfecta ¿qué hacemos ahora?

Si nuestro perro rechaza totalmente la correa dejaremos que la huela en casa, e incluso si le apetece, que jugué con ella. Una vez vea que es algo inofensivo se la iremos acercando hasta engancharla a su collar o arnés. Y le dejaremos con ella puesta por casa.

Cuando esto le parezca algo normal iremos cogiéndola, le llevaremos por el pasillo o por la habitación y le premiaremos si nos sigue sin poner resistencia. Poco a poco iremos ampliando la zona de paseo, siempre premiando.

Cuando ya podamos ir por el portal o por la acera de casa, seguiremos premiando y ampliando la zona de paseo. Hasta que por fin podamos disfrutar de un paseo placentero para nuestro perro y para nosotros.